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La fotógrafa Dragana Jurisic explora las consecuencias de la desintegración de Yugoslavia

La fotógrafa documentalista Dragana Jurisic nació en Slavonski Brod, Croacia (entonces Yugoslavia). En 2008, completó su maestría en Bellas Artes en la Universidad de Gales, Newport. Viviendo actualmente en Dublín (Irlanda), ha ganado varios premios y ha expuesto tanto en Irlanda como en el extranjero. Jurisic es la autora de “YU: The Lost Country”, trabajo que explora las consecuencias de la desintegración de Yugoslavia y que se podrá visitar hasta el 16 de junio en la Biblioteca Esquerra de l’Eixample Agustí Centelles.

¿Cómo viviste la guerra en Croacia?

La guerra empezó un domingo de septiembre de 1991. Tenía 16 años. Estaba empezando mi tercer año de secundaria. Estaba jugando con mis amigos al lado del río, que es una frontera natural entre Croacia y Bosnia. Ese día había un silencio inusual, no había nadie alrededor, cuando de pronto vimos a un grupo de hombres acercándose a nosotros. Eran policías, aunque iban vestidos de civiles. Nos dijeron que nos largáramos de allí inmediatamente, pero éramos jóvenes, un poco anarquistas y no les hicimos caso al principio, aunque finalmente volvimos a casa. Cuando íbamos de camino, recuerdo que uno de mis amigos dijo “este pueblo es muy aburrido… ojalá pasara algo emocionante”. Dos o tres horas después, estalló el conflicto. Soldados croatas nos enviaron al sótano porque iban a utilizar el tejado de mi casa para disparar a los del “Yugoslav Army Harrison” (fuerzas del ejército de Yugoslavia). Obviamente, los localizaron, así que el ejército yugoslavo dirigió misiles a nuestro apartamento y ardió en llamas. Nosotros escapamos antes de que eso pasara.

¿Cómo influenció esta guerra en tu carrera como fotógrafa?

Tres o cuatro días después de instalarnos en un hotel en el que vivimos unos seis meses, mi padre me compró una cámara para que pudiera darle sentido a todo lo que estaba pasando a mi alrededor, aunque la verdad es que no puedo encontrar muchos de los negativos de esa época, nos mudamos tantas veces… Aun y así, cuando fui a la Universidad de Rijeka (Croacia) a estudiar psicología, encontré un cuarto oscuro gigantesco en el campus que nadie utilizaba, así que empecé a revelar mis propias fotografías.

¿Qué te suponía vivir en Slavonski Brod, justo en medio de Serbia y Croacia?

Vivir en la frontera histórica entre el Este y el Oeste abre tu perspectiva hacia otras culturas. Los serbios, croatas y musulmanes de mi pequeño pueblo empezaron a volverse cada vez más nacionalistas: había muchísima tensión entre ellos. Pero como yo soy croata por parte de padre y serbia por parte de madre, pude ver la manipulación informativa durante el conflicto en las dos partes. Durante la guerra no hay verdadero periodismo, sólo hay propaganda, y eso es aterrador.

¿En el curso de  “YU: The Lost Country”, donde tuviste más problemas?

En Kosovo. Mi primer nombre es muy serbio y tengo un pasaporte de Croacia, por lo que en la parte serbia tenía problemas porque tenía pasaporte de Croacia, y en la parte croata me rechazaban por tener un nombre serbio. Me sentía muy vulnerable: salía a cualquier lado y tenía un cuerpo policial con pistolas esperándome.  Me sentía constantemente amenazada y vigilada.

¿Qué opinas del ascenso del nacionalismo en Europa?

Cuestiono mucho el nacionalismo porque he visto el daño que ha causado. El nacionalismo siempre asevera la superioridad de un colectivo frente a otro. Por ejemplo, los croatas se creen superiores a los demás, más occidentales, más civilizados, menos otomanos. El nacionalismo es una muy buena herramienta para controlar a las masas. Desde que nacemos, nos enseñan que nuestras raíces son muy importantes, y es precisamente eso lo que quiero cuestionar. Los humanos no somos árboles… ¿de verdad necesitamos raíces?

¿Europa quiere enfrentarse a su pasado?

En Croacia, algunas personas intentan lidiar con el sentido de la responsabilidad respecto a lo que hicieron a los musulmanes y a los serbios civiles durante la guerra, atrocidades que nunca han salido a la luz hasta ahora. Me hubiese gustado ver el modelo que implementaron en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial: es un país que ha remarcado esta conciencia de culpabilidad para que generación tras generación recuerden lo que hicieron y así evitar que volviese a suceder. En España, en cambio, he visto que hay una gran aversión a recordar todo lo que sucedió durante al época del franquismo, y eso es una pena. Si no te enfrentas con ella, la historia empezará a repetirse por si misma.

¿Te fías de la historia?

He visto como la historia contemporánea ha sido reescrita de manera muy efectiva y en un espacio muy corto de tiempo. Eso me hace sospechar de todo. De todas formas, creo en las historias personales, creo que podemos aprender muchas más cosas sobre la humanidad observándolas.

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